Segundo domingo de Adviento
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El antiguo obispo de la diócesis, D. José; ayudado por el antiguo párroco D. Alfonso, administra el sacramento de la confirmación. Después de dos cursos de catequesis, los jóvenes reciben el gran sacramento que da al Espíritu Santo. Movidos por ese Espíritu han de ser testigos de Cristo en su ambiente.
 
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DOMINGO III ADVIENTO, CICLO A
 
1. MONICION DE ENTRADA
 
Buenos días, amigos todos: bienvenidos a esta celebración del tercer domingo de adviento, en el que se nota ya la ALEGRIA del Señor que está cerca. El nacimiento de un niño es alegría siempre para una familia. ¿Cómo no va a ser el nacimiento del Niño de Belén una gran alegría para nuestra gran familia que es la Iglesia? ¡Ojalá todos los hombres descubrieran que la fe en Jesús es fuente y causa de la alegría auténtica y duradera! El Señor está cerca ¡Ya viene! ¡Iniciemos esta Eucaristía encendiendo la tercera vela de la Corona de Adviento!
 
Al encender la tercera vela
 
Juan Bautista no es la luz,
sino el que nos anuncia la luz.
Cuando encendemos, Señor, la tercera vela,
cada uno de nosotros quiere ser
antorcha tuya para que brilles,
llama para que calientes.
¡Ven, Señor, a salvarnos,
envuélvenos en tu luz, caliéntanos en tu amor
 
2. ACTO PENITENCIAL 
  • Tu llegada, oh Cristo, es motivo de fiesta, de Buena Noticia. Pero parte del mundo -y nosotros mismos- hacemos oídos sordos. Señor ten piedad.
  • Tu nacimiento, Hijo de Dios hecho Hombre, es llamada a la alegría. Pero el corazón lo tenemos lleno de trastos que nos causan ansiedad. Cristo ten piedad.
  • Tu presencia, Señor, es un impulso para ser mejores. Pero, muchas veces, miramos sólo nuestro propio bien y nos olvidamos de los pobres. Señor ten piedad.  
3. MONICIÓN A LAS LECTURAS
 
         El gran profeta Isaías, unos setecientos años antes de la venida de Cristo al mundo, ve con claridad que Dios vendrá a la tierra y nos salvará. Por su parte, la segunda lectura, invita a que estemos firmes en la fe y en el amor, porque la venida del Señor está cerca. Y es el evangelio el que nos narra cómo la gente, ante la figura de Juan Bautista, sospecha que él pueda ser el Mesías esperado. Que saquemos compromisos personales de las lecturas que vamos a escuchar.  
 
4. ORACIÓN DE LOS FIELES 
  • Pidamos por la Iglesia, para que acierte a dar a conocer el mensaje de Jesús, un mensaje que aquellos que lo reciban sean penetrados por una gran alegría. Roguemos al Señor.
  • Por los que no conocen la alegría; por los que viven en guerras y en una constante angustia; por los pobres y necesitados. Para que, estos próximos días de Navidad, descubran que Dios es salvación. Roguemos al Señor.
  • Por nuestras familias cristianas, especialmente por las más necesitas, para que la alegría de estas próximas fiestas no quede rota o adulterada ni por la televisión, ni por el afán consumista, ni por otras actividades que empañen la armonía familiar. Roguemos al Señor.
  • Por nuestros jóvenes y niños, para que sean alegría y esperanza de los mayores con su compromiso cristiano bien vivido, y para que de ellos surjan vocaciones sacerdotales. Roguemos al Señor.
  • Por todos los que nos encontramos en esta Eucaristía, para que pensemos en qué tenemos que cambiar, a fin de que la próxima Navidad sea una Navidad santa y cristiana. Roguemos al Señor. 
5. PRESENTACIÓN DE LAS OFRENDAS 
  • La alegría de que el Señor viene a nuestro encuentro, la queremos simbolizar con esta pandereta. Que nosotros seamos altavoces de lo que celebramos en estos días.
  • Ahora llevamos al altar lo que la palabra “Belén” significa: EL PAN que necesitamos para ser mejores, el pan del Señor, el pan y el vino de la Eucaristía. 
5. ACCION DE GRACIAS
 
Antes de marcharnos, Señor,
queremos que siembres en nuestros corazones
la verdadera ALEGRIA.
Son muchas cosas las que nos preocupan,
pero, con tu llegada, van desapareciendo nuestras inquietudes.
Gracias, porque con esta Eucaristía sabemos que sin Ti
el mundo andaría peor.
Gracias, porque con tu nacimiento,
renacen en nosotros las ganas de ser mejores.
Gracias, porque vas poniendo en nuestro corazón
sentimientos de solidaridad para con los pobres.
Gracias por las veces que otros nos han traído alegría y
y por la que hemos llevado alegría a otros.
Alegra también, Señor, el corazón de los enfermos, pobres y necesitados.
¡Gracias, Señor ¡Amén!


El agua bendita es uno de los sacramentales –no sacramento- que hay en la Iglesia, a la que Santa Teresa le tenía mucha devoción. Con el hisopo, que se está viendo, el sacerdote rocía y bendice al pueblo de Dios, a los difuntos, a los campos, a objetos…
 
No podía faltar en nuestro templo el vía crucis, la representación del camino de Jesús hacia la cruz. Consta de quince estaciones, pues a las catorce tradicionales se ha añadido la de la resurrección. Cristo no terminó con la cruz, venció la muerte resucitando al tercer día.