Tema tiempo ordinario verano
Homilias de domingo

Portada
NOVEDADES PORTADA
La Parroquia
Noticias de aquí
Biblia
Formación
Cáritas
Catequesis
Decálogos
Horarios
Liturgia
Moniciones dominicales
Homilias de domingo
 Homilias Ciclo A
 Homilias Ciclo B
 Homilias Ciclo C
Oraciones
Sacramentos
Club Juvenil Luz Viva
Nuestra titular
Articulos de interés
Enlaces

Se encuentra en el lado derecho del presbiterio de la iglesia del convento de las carmelitas de Toledo, en donde vivió la Beata más de sesenta años. En él se conserva su cuerpo incorrupto. Ciertamente impresiona y hace pensar.
Leer más
 
Para recibir por email las novedades que se publiquen en nuestra página rellene los siguientes datos:
Nombre y apellidos:
Ciudad y país:
Email:
Deseo recibir:
 Noticias:   
 Páginas:   
 Álbum:     
 

Escriba la palabra de la imagen que aparece arriba
Recargar imagen

 


DOMINGO XVI DEL TIEMPO ORDINARIO, CICLO A
 
ANTE EL PECADO, ARREPENTIMIENTO
 
Lecturas: Sabiduría 12, 13.16-19; Romanos 8, 26-27; Mateo 13, 24-43
 
1. Alguien, hablando con el Señor, hace ya muchos años, pues vivió en el siglo X antes de Cristo, le dice a Dios: en el pecado, das lugar al arrepentimiento. El que se dirigía a Yahvé con estas palabras no era ni un inculto o ignorante, ni un creyente con la llamada fe del carbonero, fe no instruida, fruto del ambiente que le rodea. El que rezaba de esa manera era nada menos que el gran rey Salomón, del cual viene a decir el primer libro de los Reyes que era el hombre más sabio que existió en la tierra. 
 
Por el conocimiento de la historia de su pueblo, incluida la de su padre, el Rey David, Salomón sabía perfectamente que el pueblo judío, en general, y David, siendo ya rey, se habían apartado de Yahvé muchas veces, habían roto la Alianza, habían pecado. Pero el Señor los había perdonado, porque se habían arrepentido: en el pecado, Dios había dado lugar al arrepentimiento. Hablaba, pues, con conocimiento de causa.
 
2. Leer y meditar la primera lectura proclamada, de la que forman parte las palabras de Salomón, nos conducirá a confiar siempre en el Señor, y a acudir a Él, verdaderamente arrepentidos, para recibir el perdón de nuestros pecados por muchos y graves que sean. Dios, que es justo, no por ello deja de ser misericordioso. La justicia y la misericordia en Dios no son incompatibles. Así lo dice la primera lectura: tu poder es el principio de la justicia, y tu soberanía universal te hace perdonar a todos. Por si no fuera suficiente, el texto bíblico añade: Tú, poderoso soberano, juzgas con moderación y nos gobiernas con gran indulgencia, porque puedes hacer cuanto quieres. No es extraño que, ante Dios que nos ha hablado en esa primera lectura, como pueblo hayamos respondido con esta aclamación, repetida varias veces: Tú, Señor, eres bueno y clemente.
 
Hay cristianos que, al ver sus pecados o la gravedad de ellos, sientan miedo a Dios y no tienen confianza en Él. Quien pase por esa situación ha de saber que no hay razón objetiva para que eso ocurra. Y el argumento contundente es que Cristo, también por amor a él, murió clavado en la cruz para que esos pecados, precisamente ésos, también quedaran perdonados, con tal de que haya arrepentimiento y se haga una buena confesión. ¿Por qué no recordar que Jesús perdonó al buen ladrón y le dijo que, ese mismo día, estaría con Él en el paraíso? El Papa Francisco nos dijo en su primer ángelus: el rostro de Dios es el de un padre misericordioso, que siempre tiene paciencia. ¿Habéis pensado en la paciencia de Dios, la paciencia que tiene con cada uno de nosotros? ¡Eh, esa es su misericordia! Siempre tiene paciencia: tiene paciencia con nosotros, nos comprende, nos espera, no se cansa de perdonarnos si sabemos volver a Él con el corazón contrito. Grande es la misericordia del Señor.
 
3. La lectura evangélica de hoy pone ante nuestra consideraciónla parábola del trigo y la cizaña.  Es verdad que Dios sembró buena semilla en el campo del mundo. El relato del génesis sobre la creación, después de narrar lo que iba creando cada día, dice: y vio Dios que era bueno. También, después de haber creado al hombre a su imagen y semejanza, vio Dios que era muy bueno. Dios en toda la historia de la humanidad y, en especial, en la historia de la salvación ha ido sembrando buena semilla, y sigue y seguirá haciéndolo. Pero el enemigo, el diablo, sembró desde el principio la cizaña del pecado, y continúa sembrándola directamente él, o por medio del ambiente mundano que nos rodea, o excitando las pasiones que cada hombre y mujer lleva consigo.
 
Es una realidad que el mundo -también la Iglesia en lo que de humano tiene- son un campo, en el cual sobreviven a la vez hombres-mujeres, que son buen trigo, y hombres-mujeres que son cizaña mala, a veces, muy mala. Ante tal realidad, ser responsable es cuidar con esmero la vida cristiana, empleando como medios principales la oración, los sacramentos, la formación y un espíritu luchador por vivir con coherencia la fe que profesa.
 
También nuestro mundo moderno tiene mucho trigo bueno, muchas personas honradas y buenas, incluso santas, que recorren las calles de pueblos y ciudades. Son hombres y mujeres, en su gran mayoría gentes sencillas, que han orientado su vida hacia Dios, poniendo todo esfuerzo por vivir la doctrina de Jesús en medio de sus quehaceres ordinarios. La redención operada por Cristo está dando abundantes frutos buenos y los dará hasta el final de los tiempos.
 
Cualquiera que quiera seguir a Cristo, sin embargo, ha de estar vigilante y no dejarse arrastrar por tanta cizaña como le rodea, muchas veces disfrazada de trigo bueno, pero que no por ello deja de ser cizaña. Cizaña es el relativismo reinante que niega la existencia de verdades y mandatos objetivos, construyendo cada uno su propia moral, cosa realmente absurda. Cizaña es presentar la mentira como si fuera la mejor o una de las verdades, comportamiento que con tanta frecuencia hacen muchos políticos para servirse del pueblo y no servir al pueblo. Cizaña es ese convencimiento generalizado de que todo lo que produce placer, cualquier placer, es bueno y, por ello, se puede experimentar y practicar. ¿Por qué reprimirse? No dejarse arrastrar por este ambiente encizañado es costoso y, en ciertos momentos, muy difícil, pero se puede conseguir. Como decía san Pablo: todo lo puedo en aquel que me conforta. Ser y permanecer siendo buen trigo tiene como consecuencia que Dios lo almacenará en los almacenes del cielo. Vale la pena ser buen trigo, si el final es el cielo, la salvación eterna.
 
5. Con la ayuda de la Virgen hemos de procurar ser buen trigo y ayudar a los que, por ignorancia o debilidad, son cizaña, a que dejen de serlo convirtiéndose en buen trigo.


El amor a Cristo, representado por el crucifijo, y el amor a la Virgen, simbolizado por el rosario, han de ser los dos grandes amores del cristiano, los cuales ni se excluyen ni se contraponen, sino que el uno conduce al otro. Quien quiera lo puede experimentar.
 
El agua bendita es uno de los sacramentales –no sacramento- que hay en la Iglesia, a la que Santa Teresa le tenía mucha devoción. Con el hisopo, que se está viendo, el sacerdote rocía y bendice al pueblo de Dios, a los difuntos, a los campos, a objetos…