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Esta imagen de San José, recientemente adquirida, es expresión de nuestra fe y devoción al humilde carpintero de Nazaret, que con tanta fidelidad cuidó de la Virgen y del Niño Dios. Le pedimos que cuide de nuestra parroquia, y que de ella salgan vocaciones para el sacerdocio.
 
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DOMINGO I DE CUARESMA, CICLO A 
 
ENTRÓ EL PECADO EN EL MUNDO 
 
Lecturas: Génesis 2, 7-9; 3,1-7; Romanos 5, 12-19; Mateo 4, 1-11
 
1. Haciendo un paréntesis en el tiempo ordinario, que reanudaremos pasada la cincuentena pascual, el pasado miércoles de ceniza, comenzábamos la cuaresma, tiempo santo, tiempo de gracia  Desde el principio hemos de tener en cuenta que, como decía San Josemaría, Dios va a pasar a nuestro lado en este tiempo de conversión: no podemos considerar esta Cuaresma como una época más, repetición cíclica del tiempo litúrgico. Este momento es único; es una ayuda divina que hay que acoger. Jesús pasa a nuestro lado y espera de nosotros —hoy, ahora— una gran mudanza.  La mudanza a la que se refiere –está bien claro- no es de vestido, ni de casa. Se trata de mudar el corazón y cambiarlo a mejor en actitudes y comportamientos, es decir, convertirse, cambiar de criterios y de modo de vivir, dejando los que sean mundanos y asumiendo y viviendo los enseñados en el Evangelio de Jesús. 
 
2. El Concilio Vaticano II enseña que el tiempo cuaresmal prepara a los fieles, entregados más intensamente a oír la Palabra de Dios y a la oración, para que celebren el misterio pascual, sobre todo mediante el recuerdo o la preparación del bautismo y mediante la Penitencia. Las palabras conciliares –así podría resumirse- invitan a  todos los fieles católicos a oír y meditar la Palabra de Dios, en privado o comunitariamente, a cultivar con más intensidad la oración personal y en grupo, a recordar el propio bautismo, con el fin de reafirmarse en la fidelidad a los compromisos bautismales, intentando superar los fallos personales que haya podido haber, acercándose al sacramento de las misericordias de Dios, que es la Confesión, para recibir el perdón de los pecados y gracia divina que fortalezca nuestra vida cristiana.   
 
Las lecturas del primer domingo de cuaresma tienen, como trasfondo,  la tentación sufrida por Eva y Adán y provocada por la serpiente-el demonio, narrada en la primera lectura, y las tentaciones escuchadas en el evangelio. que tuvo que soportar Cristo, cuando hacía oración y penitencia en el desierto para comenzar su vida pública. Los resultados finales fueron bien distintos: mientras nuestros primeros padres se dejaron llevar por la tentación y, movidos por la soberbia, desobedecieron a Dios, Cristo rechazó las tentaciones del maligno, permaneciendo fiel a su Padre y a la misión que le había encomendado.  Al ser tentados, y todos lo somos, nuestro modo de actuar ante cualquier tentación ha de ser el de Jesús y no el de Adán y Eva.  Imitar a Jesús es mantenerse en la fidelidad, comportarse como Adán  Eva es caer en el pecado y traicionar a Dios.
 
3. El hecho de que Jesús, al enseñarnos el Padrenuestro, nos animara a pedir no nos dejes caer en la tentación, deja bien sentado que todo ser humano tiene tentaciones, porque el Padrenuestro entero es para todos y nadie está excluido, ni de rezarlo y de tener tentaciones.  Lo decía bien claro el Papa Francisco en la homilía de una Misa en la casa de Santa Marta: todos somos pecadores y todos estamos tentados y la tentación es el pan nuestro de cada día. Si alguno de nosotros dijese: ‘Pero yo jamás he tenido tentaciones’, o eres un querubín o eres un poco tonto, ¿no? Se entiende… En la vida es normal la lucha y el diablo no está tranquilo, él quiere su victoria.
 
La tentación es cualquier invitación al mal moral y, unas veces, proviene del interior del propio hombre, presa de sus pasiones, y, otras, de agentes externos, sea el demonio o el ambiente corrompido y malo que le rodea. Lo cierto es que todo pecado va precedido de una tentación que, de haberla rechazado como hizo Jesús, no habría entrado el pecado en el mundo.
 
4. Tentada Eva, consintió la tentación y, tentado después Adán, también la consintió, con lo cual la tentación se convirtió en pecado, entrando el primer pecado en el mundo, origen y causa de todos los males, desde el odio  hasta la muerte, desde la enfermedad hasta la violencia y las violaciones, desde el hambre a las guerras y los holocaustos.  La segunda lectura nos dice así: lo mismo que por un solo hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y la muerte se propagó a todos los hombres, porque todo pecaron…  Y es que el pecado, además de tener una maldad infinita, porque va en contra del Dios infinito, desordenó por completo la naturaleza de la raza humana, por lo que los pecados personales son tan abundantes, tan graves y de consecuencias tan funestas.
 
Mientras el hombre camine por la tierra, es sujeto de tentación, tentaciones que, en ciertos momentos, son muy difíciles de rechazar. Es más, con las solas fuerzas humanas, no se pueden superar o rechazar, al menos, muchísimas de ellas. ¿Quiere esto decir que el ser humano está condenado a tener que consentirlas y a no poder rechazarlas? De ninguna de las maneras. Con san Pablo, todo cristiano puede afirmar con absoluta certeza: todo lo puedo en Aquél que me conforta. Con Cristo sí podemos vencer cualquier tentación, siempre y cuando nos esforcemos por rechazarla, nos hagamos violencia  para no dialogar con ella, cosa que no cuidaron Eva y Adán, y alimentemos nuestra vida espiritual con la oración intensa, con la participación en la Eucaristía, con la confesión frecuente, aunque sólo haya faltas veniales, y con una tierna y profunda devoción a la Virgen.  Qué acertadas son estas palabras del Papa Francisco: la salvación vendrá de la gracia de Dios y del entrenamiento diario que hacemos de esta gracia en la vida cristiana.
 
5. A la Virgen, que es refugio de pecadores, le pedimos que nos proteja, nos ayude y evite que caigamos en la tentación. 


La Beata María de Jesús favorecida con una tierna visión del Niño Jesús, que desprendiéndose de las manos de una estatua de San José (conservada aún en el convento) vino a regalarse entre sus brazos.
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La Inmaculada es una imagen de talla, copia de la de escayola que había en el local que hizo de templo, antes de la construcción de nuestro Conjunto parroquial. Nos habla de pureza en la vida personal, en las costumbres, en los negocios …, en todo.