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El amor a Cristo, representado por el crucifijo, y el amor a la Virgen, simbolizado por el rosario, han de ser los dos grandes amores del cristiano, los cuales ni se excluyen ni se contraponen, sino que el uno conduce al otro. Quien quiera lo puede experimentar.
 
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ASUNCIÓN DE MARÍA AL CIELO, CICLO B 

DIOS HIZO OBRAS GRANDES EN TI 

Por Alfonso Martínez Sanz 

Lecturas: Apocalipsis 11, 19ª; 12, 1. 3-6ª.10ab; I Corintios 15, 20-27ª; Lucas 1,39-59

1. Es hoy la solemnidad de la Asunción de María al cielo. A mitad de un mes de agosto caluroso, la Iglesia nos presenta a la Madre de Jesús que es subida al cielo.  Como regalo de su Hijo, Dios la quiso preservar de la corrupción de la muerte y subirla al cielo también con su cuerpo y alma. Hoy es una fiesta de la Madre por excelencia, de la Madre de Dios y de todos los hombres, de la bendita entre todas las mujeres y llena de gracia, más santa que todos los ángeles y santos juntos. A la criatura más bella y más santa salida de las manos de Dios, la contemplamos hoy glorificada por Dios al máximo, al subirla al cielo, una vez terminada su estancia en la tierra.

Es bonito y consolador lo que decía Benedicto XVI en una homilía: María fue elevada al cielo en cuerpo y alma: en Dios también hay lugar para el cuerpo. El cielo ya no es para nosotros una esfera muy lejana y desconocida. En el cielo tenemos una madre. Y la Madre de Dios, la Madre del Hijo de Dios, es nuestra madre. Él mismo lo dijo. La hizo madre nuestra cuando dijo al discípulo y a todos nosotros: "He aquí a tu madre". En el cielo tenemos una madre. El cielo está abierto; el cielo tiene un corazón.

2. El evangelio proclamado en esta festividad recoge el Magnificat. En él María reconoce que el Todopoderoso ha hecho obras grandes en ella. Esas obras grandes son, en primer lugar, la plenitud de gracia con que fue concebida y que la acompañó a lo largo de su existencia en este mundo; el misterio de la maternidad divina, maravilloso gesto de amor del Padre a María y a la humanidad entera; el ser el arca de la nueva alianza, el primer sagrario, que con Dios en su seno es causa de bendición para Juan Bautista y sus padres.

Podría pensarse que las obras grandes de Dios en María terminaron con el nacimiento de Jesús en el portal de Belén. Tal pensamiento, si se diera en nosotros, indicaría que estábamos equivocados, porque Dios siguió haciendo obras grandes en alma de María durante toda su vida terrena, aunque no consten en el Evangelio y la Virgen las guardara en su corazón.

3. Esto no obstante, hay que afirmar, tal como enseña la Iglesia,   que la última de esas grandes obras de Dios en María fue precisamente la asunción en cuerpo y alma a la gloria celestial. María es la poseída por la gracia en el cuerpo y en el alma, la inmaculada, en la que nada hay corruptible, porque todo en su persona es gracia, puro don de Dios.  Dios Padre no podía dejar incompleta la obra maravillosa de gracia, operada en María, durante su vida terrena.

Y fue el Papa Pío XII, en la Bula Munificentissimus Deus, del 1 de noviembre de 1950, quien proclamó solemnemente el dogma de la Asunción de María con estas palabras: Pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celeste.

4. La carta a los Hebreos nos dice que no tenemos aquí ciudad permanente, sino que vamos en busca de la futura. El destino final del hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, no es la tierra que nos acoge desde que nacemos hasta que morimos. Dios nos ha creado para que, después de estar en este mundo un tiempo determinado, vivamos con Él para siempre. Al decir vivamos, no ha de entenderse que, una vez enterrado el cuerpo, el alma sola viva con Dios eternamente. Quiere decirse con ello que Dios nos ha creado para que cada uno de nosotros, alma y cuerpo, la persona completa, viva por siempre feliz en el cielo, siempre que, claro está, se haya muerte en el Señor. Prueba de ello es que el cuerpo de Cristo -Cristo mismo- resucitó y ascendido está en el cielo. Así lo enseña la segunda lectura que hemos escuchado.  Prueba de ello es también la realidad gozosa que hoy estamos celebrando: María subió al cielo no sólo con su alma, sino también con su cuerpo, porque, como hemos oído decir al Papa, en Dios también hay lugar para el cuerpo… En el cielo tenemos una madre, con su cuerpo y con su alma, como cuando vivía en Nazaret.     

Hoy felicitamos a la Virgen y fomentamos en nosotros el deseo y el compromiso de luchar con fidelidad para ir al cielo y estar para siempre con Dios y con la Virgen, nuestra Madre. Y nos reafirmamos en el propósito de querer entrañablemente a la Virgen María, y de acudir a ella siempre y con la mayor confianza, de una manera semejante a como lo hacía san Antonio María Claret. Cuentan sus biógrafos que, siendo todavía joven seglar, hizo un viaje en compañía de un buen caballero, el cual observó los claros signos de devoción mariana que daba el joven Claret en sus conversaciones y también en su conducta. El acompañante, admirado de su piedad, le habló de esta manera: me parece, Antonio, que eres muy devoto de la Virgen. La respuesta fue ésta: ¿Cómo no, si todo cuanto le pido me lo alcanza?  El que lo acompañaba volvió a preguntarle: ¿Qué me dices? Explícame el modo de pedírselo. Claret le contestó: Le pido lo que deseo con amor y confianza. Y si veo que no me escucha, me acerco más a Ella. La cojo del manto y le digo: si no me lo alcanzáis, a fuerza de tiraros, rasgaré el manto. Y entonces ya me escucha.

5. Que la Virgen nos cubra con su manto y, bien agarrados a él, lleguemos a la bienaventuranza eterna, y con nuestra Madre bendita vivamos en Dios con una felicidad que sacia sin saciar y que dura, pero no se acaba nunca.

 DOMINGO XX DEL TIEMPO ORDINARIO, CICLO B

VENID A COMER MI PAN

 

Por Alfonso Martínez Sanz

 

Lecturas: Proverbios 9, 1-6; Efesios 5, 15-20; Juan 6, 51-59

1.La primera lectura de hoy está tomada del libro de los Proverbios, cuyo autor, al menos en gran número de esos proverbios, es Salomón. Tiene como propósito general dar instrucción moral, especialmente a los jóvenes, y su pensamiento clave es el temor del Señor, que aparece mencionado unas catorce veces.La mayor parte del libro no se refiere a temas propiamente religiosos; se refiere, más bien, a los que son específicos de la existencia humana, ya sea en su dimensión personal, el individuo, o colectiva, la familia y la sociedad en cuanto tal.Sin embargo, en este libro, un tema importante es la doctrina de la retribución, es decir, del premio o el castigo que merece la actuación humana, según sea buena o mala. Es una idea que se presenta a menudo: el justo será recompensado en la tierra.

En los versículos que hemos escuchado al principio de las lecturas, la sabiduría en cuanto atributo de Dios aparece personificada. Es presentada como una persona, una gran señora o una reina, que se ha construido una casa y que ha preparado un festín o banquete, cuyo alimento -pan y vino en la mesa- es la instrucción. Para que lo den a conocer, y para invitar a los inexpertos y a los faltos de juicio, es decir, a los no instruidos, envía a sus criadas que en su nombre dicen: venid a comer mi pan.
2.La palabra instruir o instrucción, en sentido bíblico, es sinónimo de doctrina,
-forma de vida- y de enseñanza -algo que se enseña-.  La Biblia enseña que la instrucción es necesaria y determinante en la vida del hombre. Tan es así, que uno de los proverbios bíblicos dice: da instrucción al niño acerca del camino, y aun cuando llegue aviejo, no se apartará de él. Profundizando en la hondura de este sabio consejo, padres, maestros, catequistas y sacerdotes no podemos menos de poner todo nuestro esfuerzo, y todos los medios a nuestro alcance, para instruir de verdad a los niños acerca del camino de la verdad y del bien, siempre en coherencia con los planes de Dios. ¡Qué importante es la formación religiosa –la instrucción cristiana- desde la más tierna edad!
Esto quiere decir que la instrucción o formación religiosa que debe darse a los hijos, y a los niños en general, ha de ir encaminada a conocer los contenidos de la fe católica y a vivir de acuerdo y en coherencia con esa fe conocida y explicada, dando mucha importancia a la práctica religiosa y a la honestidad en el modo de vivir, intentado ser buen niño, buen joven y buen adulto. Los principales educadores o instructores de la formación de los niños han de ser, sin lugar a duda, los padres. Es uno de los principales deberes que tienen.  Por otra parte, los hijos han de estar abiertos a las enseñanzas de sus padres. 
3. Tal como afirma san Pablo en la primera carta a los corintios, Cristo es la sabiduría de Dios: predicamos a Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Y Cristo, sabiduría de Dios, ha preparado el gran festín o banquete de la Eucaristía, que siempre está preparado, y al que todos estamos invitados. A todos nos dice: tomad y comed, esto es mi cuerpo; tomad y bebed, ésta es mi sangre. Los alimentos son pan y vino, pero consagrados y, por ello, son el Cuerpo y la Sangre del Señor, es decir, Cristo mismo con su Cuerpo, con su Sangre, con su Alma y con su Divinidad. En el evangelio de este domingo, le hemos oído a Jesús que nos decía: Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan, vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para vida del mundo. 
La Iglesia, criada –servidora- de Cristo, nos repite constantementela invitación de Jesús: tomad y comed, tomad y bebed. La Eucaristía es tan importante que, en palabras del san Juan Pablo II, la Iglesia hace la Eucaristía y la Eucaristía hace a la Iglesia. Ya en el Concilio Vaticano II se nos enseña que la eucaristía es el centro y raíz de la vida de la Iglesia, de la vida del presbítero y de la vida cristiana. Sin la fuerza de la Eucaristía es muy difícil, por no decir imposible, vivir la fidelidad cristiana en coherencia con nuestra fe.
4. En el programa que el Papa san Juan Pablo II nos señaló para el tercer milenio, en su Exhortación Novo millennio ineunte, llama la atención el énfasis que, en concreto, pone en la importancia de la Eucaristía dominical para el futuro de la comunidad cristiana. Dice así el que era Vicario de Cristo: debemos dar un realce particular a la Eucaristía dominical y al domingo mismo...: es un deber irrenunciable, que se ha de vivir no sólo para cumplir un precepto, sino como necesidad de una vida cristiana verdaderamente consciente y coherente. Estamos entrando en un milenio que se presenta caracterizado por un profundo entramado de culturas y religiones incluso en países de antigua cristianización. Esto nos pone ante el reto de testimoniar con mayor fuerza, a menudo en condiciones de soledad y dificultad, los aspectos específicos de la propia identidad... La Eucaristía dominical, congregando semanalmente a los cristianos como familia de Dios, en tomo a la mesa de la Palabra y del Pan de vida, es también el antídoto más natural contra la dispersión...
En una sociedad, la nuestra, en la que el secularismo y el relativismo están enfriando considerablemente la fe, la Eucaristía de cada domingo es hoy, más que nunca, central para la comunidad cristiana; es la que más eficazmente ayuda a un cristiano o a una familia, a ir creciendo y madurando en su fe y a renovar continuamente su identidad, a la luz de la Palabra de Dios. La Eucaristía dominical es fundamental para comprometerse más en la construcción de un mundo nuevo con la novedad de Cristo. 
5. La Virgen Madre nos dice también a sus hijos: tomad y comed el Cuerpo y Sangre de mi Hijo, que recibió de mí, al ser engendrado en mi seno.

 



NOTICIAS

SANTORAL PARA HOY
Es la sede de nuestro templo. Representa a Cristo guía, presidente, de la asamblea convocada para celebrar la Eucaristía. Junto con el ambón y el altar, son los tres espacios fundamentales del presbiterio. Ver la sede ha de movernos a dejarnos conducir por Cristo representado por el sacerdote.