Tema por defecto
Homilias de domingo

Portada
NOVEDADES PORTADA
La Parroquia
Noticias de aquí
Biblia
Formación
Cáritas
Catequesis
Decálogos
Horarios
Liturgia
Moniciones dominicales
Homilias de domingo
 Homilias Ciclo A
 Homilias Ciclo B
 Homilias Ciclo C
Oraciones
Sacramentos
Club Juvenil Luz Viva
Nuestra titular
Articulos de interés
Enlaces

Puede verse una de las capas pluviales de la parroquia. Como empezó a usarse en las procesiones fuera del templo, ya en el siglo X, y se empleó para protegerse de la lluvia y del frío, empezó a llamarse pluvial. Se emplea en diversas ceremonias, por ejemplo, en la Exposición del Santísimo.
 

DOMINGO XXVII  TIEMPO ORDINARIO, CICLO B
 
¿PUEDE SER LÍCITO EL DIVORCIO?
 
Lecturas: Génesis 2, 18-24; Hebreos 2,9-11;  Marcos 10, 2-16
 
1. En una historieta se cuenta  que a un hombre  Dios le dijo que empujara una determinada la roca. Él lo intentó, una y otra vez, y empujó tan fuerte como pudo por semanas, meses, incluso años, y finalmente fue a Dios y le dijo:  lo he intentado tan fuerte como he podido, pero la roca no se mueve. Dios le respondió : Yo no te dije que movieras la roca, sólo que la empujaras. Mi trabajo es moverla yo, no tú, pero observa cuán fuerte te has vuelto intentándolo.
 
El presente cuentecillo contiene una enseñanza que, si se viviera de modo ordinario, muchos momentos de tristeza y de sensación de fracaso no aparecerían o, si aparecieran, durarían muy poco en la mente, y se evitarían más de una tentación, como pueden ser el desaliento, la falta de esperanza o, incluso, como suele decirse, la tentación de tirar la toalla. La moraleja que se puede sacar es que hemos de aceptar con humildad nuestras limitaciones, en lo físico y en lo moral, y confiar siempre en Dios, intentado, por otra parte, hacer  todo lo que de nosotros dependa, con esfuerzo y constancia, por ser fieles a nuestros compromisos, aunque haya que sudar sangre.
 
2. La primera lectura de este Día del Señor nos habla de la creación de la mujer, por una parte, y de la institución  del matrimonio, desde el principio, por otra. Dios había creado a Adán, el primer hombre, pero, con palabras del mismo Dios, no estaba bien que el hombre estuviera solo. Para poner remedio a esta soledad crea a la mujer, que es definida como alguien como él que le ayude, o lo que es lo mismo, crea a la mujer como una ayuda adecuada a él, al hombre. Es decir, la mujer no es como un apéndice para servicio del hombre; es un ser humano distinto del hombre en lo somático y en lo psicológico, pero de la misma naturaleza, con los mismos derechos y con la misma dignidad. Ambos son igualmente seres humanos, pero distintos y complementarios.
 
A estos dos seres humanos, iguales y diferentes, Dios los unió en matrimonio de cara a la procreación y propagación de la especie humana: por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne. La Iglesia siempre ha enseñado que el matrimonio no es una estructura creada por los hombre con el fin de organizar la sociedad, sino que fue Dios quien lo instituyó y el que, con la venida de Cristo, lo elevó al rango de sacramento.
 
3. Si ha sido Dios el autor de matrimonio –y lo ha sido-, y quien lo ha dignificado, convirtiéndolo en sacramento de gracia para los bautizados, es de una lógica aplastante el hecho de respetar, en todo y por todos, ese plan de Dios sobre el matrimonio. Es una soberbia subida de tono el que los hombres pretendan enmendarle la plana Dios, cambiando lo que Dios quiso que fuera siempre el matrimonio.
 
A pesar de las corrientes ideológicas contrarias, y a pesar de las incomprensiones que tiene que padecer la Iglesia por defender la verdad del matrimonio, siempre ha enseñado y enseñará, apoyándose en la revelación y no juzgando a quien no viva su enseñanza , que el matrimonio, según el proyecto del creador, sólo puede ser entre un único hombre y una única mujer, y que, además, es para siempre, hasta que la muerte los separe. El vínculo surgido de un matrimonio válidamente celebrado y consumado no puede romperse, ontológica y moralmente hablando,  ni por el consenso de los cónyuges, ni por una ley civil promulgada, ni siquiera por la autoridad de la Iglesia.
 
4. Se entiende perfectamente  que ante la pregunta de los fariseos, escuchada en el evangelio, de si era lícito a un hombre  divorciarse de su mujer, Cristo dejara bien claras estas dos enseñanzas: lo que Dios ha unido, que no separe el hombre, es una; y la otra es: si uno se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera; y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio. Por tanto, quien no vea que el divorcio no forma parte de los planes de Dios, y que la Iglesia tiene que ser fiel a esos planes rechazando totalmente la práctica del divorcio, es porque no quiere ver, o porque rechaza positivamente la doctrina de Cristo.Al enseñar, sin embargo,  que el divorcio no es lícito según Dios, la Iglesia no juzga, y respeta siempre, a las personas que se puedan encontrar  en esa situación. Juzgar le corresponde solamente a la propia conciencia y a Dios.
 
Es verdad que por causas, a veces, muy complicadas, un matrimonio puede pasar por una crisis, incluso, por una crisis muy difícil de superar. En esas situaciones, los esposos han de tener muy claro, como objetivo a conseguir, el salvar la unidad y la fidelidad de su matrimonio por encima de intereses personales, de gustos, o de agravios que hayan podido recibirse. En la celebración del matrimonio, el día de la boda,  los esposos prometieron ante Dios y ante la Iglesia, vivir unidos y fieles, no hasta que el amor durara, sino hasta que la muerte los separara.  Y los compromisos son no principalmente para decirlos, sino para cumplirlos, aunque haya que dejarse la piel, expresión popular usada con frecuencia. La historieta del principio nos enseña que los esposos han de empujar la roca de la crisis con todas sus fuerzas y el tiempo que haga falta: con la oración y recepción de los sacramentos, con el diálogo, con la concesión del perdón, con el aguante, con la reflexión, con las consultas necesarias, no dejándose conducir por el sentimiento herido, sino por la razón iluminada por la fe…,  y sin precipitase. Si así actúan, Dios moverá la roca de la crisis,  la hará desaparecer y la paz volverá al hogar.
 
5. Que la Virgen del Rosario, cuya fiesta hoy celebramos, ayude a los matrimonios en crisis a superarla.  


La Beata María de Jesús favorecida con una tierna visión del Niño Jesús, que desprendiéndose de las manos de una estatua de San José (conservada aún en el convento) vino a regalarse entre sus brazos.
Leer más
 
El ambón es el lugar-mueble, donde se proclama la Palabra de Dios, en la celebración de la Eucaristía. Representa a Cristo, maestro y profeta, que nos predica la verdad que salva. La Palabra de Dios proclamada hay que meditarla y procurar vivirla con esfuerzo.