Primer Domingo de Adviento
Liturgia - La Iglesia habla de su liturgia

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La Beata María de Jesús, cuya imagen puede verse, es la Titular de nuestra parroquia. Nacida en Tartanedo y educada en Molina de Aragón, pueblos de nuestra diócesis, ingresó en el Carmelo de Toledo. De ella, siendo novicia, diría Santa Teresa: “María de Jesús, no será santa, es ya santa”.
 

 

LA IGLESIA HABLA DE SU LITURGIA

           La Liturgia es la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y al mismo tiempo la fuente de donde mana toda su fuerza. Pues los trabajos apostólicos se ordenan a que, una vez hechos hijos de Dios por la fe y el bautismo, todos se reúnan para alabar a Dios en medio de la Iglesia, participen en el sacrificio y coman la cena del Señor. Por su parte, la Liturgia misma impulsa a los fieles a que, saciados "con los sacramentos pascuales", sean "concordes en la piedad"; ruega a Dios que "conserven en su vida lo que recibieron en la fe", y la renovación de la Alianza del Señor con los hombres en la Eucaristía enciende y arrastra a los fieles a la apremiante caridad de Cristo. Por tanto, de la Liturgia, sobre todo de la Eucaristía, mana hacia nosotros la gracia como de su fuente y se obtiene con la máxima eficacia aquella santificación de los hombres en Cristo y aquella glorificación de Dios, a la cual las demás obras de la Iglesia tienden como a su fin.

           Mas, para asegurar esta plena eficacia es necesario que los fieles se acerquen a la sagrada Liturgia con recta disposición de ánimo, pongan su alma en consonancia con su voz y colaboren con la gracia divina, para no recibirla en vano. Por esta razón, los pastores de almas deben vigilar para que en la acción litúrgica no sólo se observen las leyes relativas a la celebración válida y lícita, sino también para que los fieles participen en ella consciente, activa y fructuosamente.

           Con todo, la participación en la sagrada Liturgia no abarca toda la vida espiritual. En efecto, el cristiano, llamado a orar en común, debe, no obstante, entrar también en su cuarto para orar al Padre en secreto; más aún, debe orar sin tregua, según enseña el Apóstol. Y el mismo Apóstol nos exhorta a llevar siempre la mortificación de Jesús en nuestro cuerpo, para que también su vida se manifieste en nuestra carne mortal. Por esta causa pedimos al Señor en el sacrificio de la Misa que, "recibida la ofrenda de la víctima espiritual", haga de nosotros mismos una "ofrenda eterna" para Sí. 

           Se recomiendan encarecidamente los ejercicios piadosos del pueblo cristiano, con tal que sean conformes a las leyes y a las normas de la Iglesia, en particular si se hacen por mandato de la Sede Apostólica.

                               

          Vaticano II, Constitución sobre la Sagrada Liturgia, 10-12



El antiguo obispo de la diócesis, D. José; ayudado por el antiguo párroco D. Alfonso, administra el sacramento de la confirmación. Después de dos cursos de catequesis, los jóvenes reciben el gran sacramento que da al Espíritu Santo. Movidos por ese Espíritu han de ser testigos de Cristo en su ambiente.
 
Este sagrario se encuentra en la capilla. En él, bajo las apariencias de pan, Cristo está realmente presente con su Cuerpo, con su Sangre, con su Alma y con su Divinidad. Visitarlo diariamente es una prueba de corresponder al Amor con amor.